Chicago y Nueva York (VII)

El día 16 empezamos en Times Square. Vaya a la hora que vaya me flipa pasear por allí entre la marea de gente que suele haber. Es más espectacular de noche con tantas luces, pero de día también tiene su encanto…

Me sorprendió ver la protección que están poniendo de bloques de hormigón por toda la zona, para evitar posibles atentados con atropello como los que ha habido últimamente en otras ciudades. Una pena que haya que llegar a esto 😦

Luego nos dimos una vuelta por Macy’s, aunque apenas compramos nada. Raro en nosotros…

De ahí decidimos ir a comer a otro restaurante que ya conocíamos y que está muy cerquita del hotel, la Brasserie Cognac. Los mejillones, los calamares fritos y el filet mignon que pedimos estaban muy ricos.

Por la tarde recorrimos la 5ª Avenida, hasta que se hizo de noche y pudimos hacer las fotos que queríamos a St. Patrick’s Cathedral y a la estatua del Atlas que hay enfrente.

     

No son gran cosa pero me hacía ilusión intentarlo, a ver qué me salía 😆

Y antes de marcharnos a cenar y dormir al hotel nos pasamos por Rockefeller Center e hicimos algunas fotos más.

El día siguiente fue bastante desastroso por culpa del tiempo…

Empezamos yendo a la tienda que descubrimos en Chicago, T. J. Maxx, porque nos enteramos que también estaba en Nueva York. Pero estaba en plan chapucero y no compramos nada.

Luego fuimos al Time Warner Center y mientras estábamos allí empezó a diluviar. Esperamos allí dentro a que dejase de llover pero nada, cada vez caía con más fuerza. Aquello se empezó a llenar de gente buscando refugiarse del diluvio. Como pasaron casi 2 horas y seguía sin parar de llover decidimos comer en alguno de los restaurantes que hay. El único donde encontramos mesa fue en el restaurante Landmarc. Pedí unos espaguetis a la carbonara riquísimos. ¡Gracias Dios por las pastillas de lactasa! 😛

Terminamos de comer y seguía lloviendo, pero con menos intensidad, así que decidimos ir corriendo al hotel.

Cuando llegamos al hotel (empapados) vimos en la tele que la ciudad estaba en alerta por tormenta y recomendaban no salir a la calle.

Nos echamos la siesta y a eso de las cinco de la tarde casi morimos del susto. A esa hora empezaron a sonar los móviles con un sonido rarísimo que yo nunca había oído y en la pantalla ponía “Alerta de emergencia” y un montón de cosas más en inglés que con lo dormida que estaba no era capaz de entender. Casi se me sale el corazón por la boca, no sabía lo que pasaba ni lo que se suponía que teníamos que hacer. Y además, como estaba dormida pensaba que estábamos en la planta 18 como en Chicago y me empecé a agobiar pensando que si había que huir no íbamos a poder porque los ascensores no funcionarían.

Pusimos la tele, a ver si decían algo, y seguían recomendando no salir a la calle por la tormenta eléctrica y vientos huracanados. Ya más despierta me tranquilicé al ver que no teníamos que hacer nada, simplemente seguir en el hotel.

Sobre las seis de la tarde volvieron a sonar las alarmas de los teléfonos con la “Alerta de emergencia”…

La verdad es que en la zona del hotel no pasó nada más que simple lluvia, pero las imágenes que vimos en la tele y en internet de otros barrios daban mucho miedo.

Y eso es lo que dio de sí el día porque ya no pudimos salir del hotel…

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Chicago y Nueva York (VI)

El día 14 fue nuestro último día en Chicago, puesto que al día siguiente bien prontito cogíamos el avión hacia Nueva York.

Fuimos en un coche de Uber hasta el Navy Pier, donde nos íbamos a montar en otro barco para hacer el Classic Lake Tour por el Lago Michigan.

Nos montamos en el barco y el tiempo empezó a estropearse. La excursión fue un poco decepcionante porque dura muy poco comparada con la del día anterior y porque el barco no se adentra mucho en el lago… Lo justo para que puedas fotografiar el skyline de la ciudad.

Volvimos a comer en el Restaurante Bandera, como el primer día. Y por la tarde creo recordar que no pudimos salir a la calle porque llovió 😦

El día 15 tuvimos que madrugar muchísimo, pues a las 6 de la mañana venían a recogernos para llevarnos al aeropuerto para ir a Nueva York.

Y si la llegada a Chicago fue movida, la llegada a Nueva York también. Desde luego lo nuestro no fueron los aeropuertos en este viaje…

Aterrizamos y mi padre encendió el teléfono. Y justo cuando acababa de encenderlo empieza a sonar. Era el chófer del transfer diciendo que ya estaba allí, a lo que mi padre le contesta que todavía estábamos dentro del avión.

Esta vez la persona que viene a ayudarnos con mi silla de ruedas es una mujer, que afortunadamente hablaba español. Nos lleva a recoger las maletas y ahí vemos que había personas con carteles con nombres y ninguno era el nuestro. Nos extrañamos porque el chófer había llamado diciendo que estaba allí.

Pensamos que estaría esperándonos en la calle y nos dice la chica de la ayuda que eso era imposible porque esa terminal estaba en obras y que no se permitía el acceso de vehículos privados.

Decidimos llamar al chófer a ver dónde estaba, pero resulta que nos había llamado desde número oculto y era imposible. Llamamos a la empresa de los tránsfer y nos empiezan a hablar en inglés y no entendíamos nada. La de la ayuda muy amable se pone al teléfono para ayudarnos y les pide que se ponga alguien que hable en español para que nosotros pudiésemos hablar.

Después de 20 minutos conseguimos que nos llame alguien de la empresa que hablaba español. Le contamos que habíamos llegado pero que no sabíamos dónde estaba el chófer. Nos dice que va a hablar con él y que nos vuelve a llamar en 10 minutos. Cuando nos vuelve a llamar nos dice que como la terminal está en obras en chófer está en otra terminal y que para llegar allí teníamos que coger un autobús. Mi padre cabreado al máximo le dice que cómo no nos habían avisado de eso antes, a lo que ella responde que miremos bien los papeles de la reserva porque ahí lo ponía. Y miramos los papeles y efectivamente, lo ponía… 😳

Salimos a la calle y vemos el autobús de la línea verde en el que supuestamente teníamos que montarnos para ir a la Terminal A. Antes de montarnos le pregunto al conductor si ese autobús iba a esa terminal y me dice que no, que va la línea púrpura. Vamos al autobús púrpura y le pregunto también que si iba a la Terminal A y me dice que no, que va la línea azul. Encontramos el autobús de la línea azul y le pregunto a la conductora que si va a la Terminal A y me dice que sí. Nos montamos con un rebote del quince, porque la chica de la empresa del transfer nos había vuelto a llamar varias veces preguntando dónde estábamos…

Llegamos a la Terminal A y nos bajamos. Pero la chica del transfer nos había dicho que teníamos que ir al Área H de la Terminal A, así que preguntamos a unos policías dónde estaba el Área H. Se miran entre ellos y nos dicen que allí no había ningún Área H. Se acerca un señor uniformado del aeropuerto, le preguntamos y también nos dice que no conoce ningún Área H. Os podéis imaginar ya nuestro cabreo y nerviosismo, no sabíamos dónde estábamos, no sabíamos dónde estaba el chófer…

Nos vuelve a llamar la de la empresa del transfer y nos pregunta si hemos llegado ya. Le decimos que nos han hecho bajarnos del bus supuestamente en la Terminal A y que allí nos dicen que no hay ningún Área H. Nos vio tan histéricos que dijo que nos tranquilizásemos, que le explicásemos lo que veíamos a nuestro alrededor y que ella se lo contaría al chófer para ver si él sabía dónde estábamos y que viniese a buscarnos.

A los 10 minutos nos vuelve a llamar y nos pregunta que si había llegado ya el chófer, le decimos que no. Y nos dice que va a volver a llamarle y luego volverá a llamarnos a nosotros.

Al poco aparece POR FIN el chófer y se baja haciendo gestos de disculpa con las manos. Y cuando ya estábamos dentro del coche nos volvió a llamar la chica del transfer a ver si ya se había solucionado la cosa. Me la imaginé dando botes de alegría cuando le dijimos que ya nos habíamos encontrado. Madre mía qué follones…

Llegamos al hotel pasadas las 15 h. Igual que en el hotel de Chicago, encontramos una super oferta para el hotel que queríamos en Nueva York: Ameritania at Times Square. ¿Por qué queríamos este hotel? Porque ya habíamos estado allí en nuestros dos primeros viajes a la ciudad y nos gustó el hotel y más aún la zona en la que está.

Dejamos las maletas en las habitaciones y nos fuimos a comer corriendo a un restaurante que hay al lado y que ya conocíamos de los anteriores viajes que se llama Serafina.

Luego subimos a la habitación a deshacer las maletas y descansar un poco para por la tarde ir de compras…

Fuimos al Century 21 de Lincoln Square, donde volvimos a comprar como si no hubiera un mañana. Y desde ahí nos fuimos a la Apple Store del Upper West Side, a comprar mi regalo de cumpleaños, un iPhone 7 que allí es más barato que en España…

Y terminamos el día buscando un supermercado para comprar algo para cenar en el hotel, igual que habíamos estado haciendo en Chicago.

Reto Literario 2017 (Terminado)

Todavía queda mucho año por delante, pero me alegra poder decir que ya he terminado el reto literario que me propuse.

Es la primera vez que hago un reto así, pero me ha gustado la experiencia. Más que nada porque como ya dije me ha servido para salir de mi zona de confort y leer otro tipo de libros diferentes a los que suelo.

Creo que para el 2018 repetiré experiencia con otro reto literario diferente… 🙂

Los libros que elegí para cada categoría del reto son los siguientes:

  1. Un libro publicado en 2017: Como fuego en el hielo (Luz Gabás)
  2. Un libro con más de 500 páginas: La casa de Riverton (Kate Morton)
  3. Un libro con menos de 90 páginas: El hombre que plantaba árboles (Jean Giono)
  4. Un libro con más de 100 años: El mago de Oz (Lyman Frank Baum)
  5. Un libro con un color en el título: Código azul (Andrew Gross)
  6. Un libro con un número en el título: El jurado número 10 (Reyes Calderón)
  7. Un libro recomendado por un amigo: La verdad sobre el caso Harry Quebert (Joel Dicker)
  8. Un libro de un autor que haya ganado un premio Nobel: Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)
  9. Un libro con críticas malas: Lo que no te mata te hace más fuerte (David Lagercrantz)
  10. Un libro escrito por un menor de 30 años: Los días que nos separan (Laia Soler)
  11. Un libro basándote solo en la portada: Hopeless. Tocando el cielo (Colleen Hoover)
  12. Un libro basado en un hecho real: Un burka por amor (Reyes Monforte)
  13. Un libro ambientado en un lugar que siempre hayas querido conocer: La curandera de Atenas (Isabel Martín)
  14. Un libro de romántica histórica: Desde donde se domine la llanura (Megan Maxwell)
  15. Un libro que suceda en el contexto de la II Guerra Mundial: La casa de la buena estrella (Diane Ackerman)
  16. Un libro de No-Ficción: Hacia rutas salvajes (Jon Krakauer)
  17. Una trilogía: Trilogía del Baztán (Dolores Redondo): El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta
  18. Un libro cuya adaptación cinematográfica llegue este año a los cines: La luz entre los océanos (M. L. Stedman)
  19. Un libro de ciencia ficción ambientado en el futuro: Despierta (Beth Revis)
  20. Un libro publicado en el año de tu nacimiento: Coma (Robin Cook)

En la pestaña Lecturas podéis saber los que me gustaron y los que no 😉