Irlanda

Lo mejor siempre es empezar por el principio, así que la mejor forma de empezar a contaros mis viajes es hacerlo con la primera vez que salí de España.

Corría el mes de junio del año 1999 y casi había terminado la carrera. Digo casi porque me quedó una asignatura para septiembre y mis padres no me regalaron el viaje a Nueva York que me habían prometido si no me quedaba ninguna y terminaba la carrera en junio.

Yo estaba muy triste porque mi gran sueño americano seguiría sin cumplirse cuando un buen día yendo a la universidad con una de mis mejores amigas ella dijo: “Estoy harta de Madrid, necesito salir fuera y desconectar. He decidido irme un mes a Irlanda, ¿te vienes?“. Sin pensarlo ni un segundo dije: “¡Sí!“.

Aunque la verdad es que pensaba que mis padres dirían que ni de coña, que si no me regalaban el viaje a Nueva York tampoco me iría a Irlanda. Pero vete a saber por qué, cuando llegué a casa les conté la proposición de mi amiga de irnos allí un mes para mejorar el inglés y les pareció buena idea. Tan buena que al día siguiente nos fuimos mi amiga, su madre, la mía y yo a la empresa que organiza los programas de idiomas en el extranjero, lo contratamos y en menos de un mes estábamos en Irlanda.

A día de hoy tengo que decir que es de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Principalmente porque eso de tener que sacarte tú mismo las castañas del fuego te hace madurar, no tener la sobreprotección de mis padres me hizo más fuerte e independiente, conocí gente maravillosa de otras partes de España y de otros países, conocí otra cultura y un país precioso y encima mi nivel de inglés mejoró muchísimo 😀

Como este post sería interminable si contase todo lo que sucedió en el mes entero, que dio para muuuucho, hablaré de los lugares de Irlanda que conocí y las cosas que más me gustaron.

Empezaré con Dublín, que es donde estaba la casa de la familia que nos acogió y la academia donde estudiábamos, y lógicamente donde más tiempo pasé.

Nuestro centro neurálgico era O’Connell Street. Quedábamos después de cenar cada uno en nuestras respectivas casas de acogida en la General Post Office, nos comprábamos unas hamburguesas y volvíamos a cenar sentados en los escalones del O’Connell Monument. Eso de cenar a las cinco de la tarde nos mataba, por eso teníamos que volver a zampar 🙂

Luego terminábamos la noche en The Oval Bar

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General Post Office

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O’Connell Street (O’Connell Monument)

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The Oval Bar

Los fines de semana los dedicábamos a hacer turismo, al principio en el propio Dublín y luego a otros lugares… Visitamos Dublin Castle, St. Stephen’s Green Park (al que nos gustaba ir a mediodía casi a diario), St. Patrick’s Cathedral, Trinity College, la estatua de Molly Malone, Temple Bar y Phoenix Park. Hay mil sitios más, pero no nos dio tiempo…

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Dublin Castle

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St. Stephen’s Green Park

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St. Patrick’s Cathedral

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Trinity College

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Molly Malone

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Temple Bar

Y creo que esto es todo con respecto a Dublín, próximamente los lugares que visitamos otros fines de semana.

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Grrrr!

Me había prometido que en este blog no hablaría de malos rollos, pero llevo muchos días dando vueltas a algo y si no lo suelto reviento. Necesito hablar de ello.

Por mi enfermedad estoy acostumbrada a que la gente me mire, lo que no significa que me guste que lo hagan, pero es lo que hay y o me acostumbro o mal vamos…

En fin, que admito que me miren, lo que ya no paso es que la cosa termine convirtiéndose en una inspección en toda regla. No soporto que la gente me observe al milímetro, que se fije en cada gesto que hago o cada palabra que digo como si fuese algo increíble. Sí señoras y señores, aunque mi físico sea diferente mi cabeza funciona a las mil maravillas y pienso, siento, rio, lloro, etc., como todos los demás.

Y lo digo porque hay gente que cuando estamos en una conversación con otras personas y se cuenta algo gracioso por ejemplo y yo me rio como todos, ellos se sorprenden y dicen: “Mírala, cómo se ríe…“. ¿Perdona? ¿No estás riéndote tú también? ¿Qué tiene de curioso que lo haga yo?

Muero de rabia con esto, de verdad. Y últimamente hay alguien que está pendiente de cada gesto de mi cara y me pone totalmente de los nervios. Quiero que no me observe tanto, porque está empezando a repelerme. He llegado a un punto en que solamente ver a esta persona ya me pone de muy mal humor y veo que al final voy a terminar mandándola muy lejos…

Amor de tía

Soy hija única, por eso lo más cerca que estaré nunca de tener sobrinos son los hijos de mis primos hermanos. Ya tengo nueve sobrinos, casi todos chicos menos dos niñas, de muy diversas edades, y los ADORO. A todos.

bebe-pies

Los tres mayores son hijos de mi primo más mayor, tienen 23, 21 y 19 años, y por desgracia son a los que menos conozco. Mi primo se separó de su mujer cuando la pequeña todavía no había nacido y su ex se fue a vivir a otra provincia, así que la familia los hemos podido ver muy poco. Casi únicamente en navidades y pare usted de contar, aun así los quiero mucho y daría lo que fuera por ellos.

Los medianos tienen 11, 10 y dos de 8 años. Son a los que más veo y se me cae la baba con ellos. Me llena de orgullo poder decir que la adoración que siento por ellos, ellos también la tienen por mí.

Y este año he vuelto a ser tía por partida doble.

En enero tuve un sobrinito al que todavía no conozco más que por fotos porque vive en París. Y me da una rabia tremenda porque por los vídeos que me manda mi primo veo que es un niño de lo más salado y vivaracho. Estoy deseando que vengan a Madrid o poder ir a París a conocerle…

La benjamina de la familia nació hoy hace justo dos meses. Locura familiar con ella, ¡por fin otra niña! Se me hace raro ver vestiditos y ropa rosa después de tantos brutotes jejeje

Con la peque sí que me estoy aprovechando porque vive al lado y puedo verla a menudo. Me encanta achucharla y besar esos mofletes que tiene 🙂

Y pueden ser muuuchos más, porque todos los que ya tengo menos el de París son sólo por parte de mi familia materna. Y en mi familia paterna somos 15 primos así que… puedo llegar a tener tropecientos sobrinos 😛